sábado, 28 de enero de 2012

Fábula del dragón


Esta fábula la encontré entre unos recortes de periódicos viejos, es del lunes 27/01/2003 (casualmente para la fecha de hoy hace nueve años, que increíble). No sé de dónde salió igual su autor firmante era Wilfredo Machado
A mí me gustó. Espero les agrade también.

Mientras encajaba una afilada escarpia en una cuaderna mal sujeta al Arca, Noé vio llevar a un dragón arrastrándose sobre las arenas del desierto. Era diez veces más grande que un caballo y tenía el cuerpo cubierto de escamas que resplandecían bajo la luz del atardecer. Noé observó con admiración y miedo. De sus fauces salía una columna de humo blanco que ascendía bajo los últimos rayos de luz. Los ojos del dragón permanecían inmóviles, con la mirada extraviada en el desierto. Notó que los ojos tenían la blancura lechosa de la muerte y comprendió al mismo tiempo el largo y penoso camino de la ceguera.
Entonces el dragón habló:
- He atravesado la mitad de la tierra para conocerte, pues tu fama se ha extendido por todo el mundo. He visitado los oráculos y las sibilas; he conocido los mapas astrales; las teratologías, las rutas del sueño y el olvido, para llegar hasta ti, el más pequeño e insignificante de los hombres que pueblan la tierra. En lejanos países que nunca conocerás hay hombres como tú, sueñan con el día de la muerte. Sirenas con cabezas de pez y cuerpo de doncellas, animales que hablan Dios, vísceras donde leer el futuro como un libro abierto, sabios que han visto tu viaje el brillo del Sirio, constelación de lobos en celo aullándole a la noche. Aún es tiempo de romper los designios divinos y dejar que parezca la raza de los hombres y las bestias.
- Tú también morirás – Le respondió Noé.
- Otra vez te equivocas como el más iluso de los mortales. No puedes matar lo que no existe.
Noé pasó su mano por el rostro lleno de sudor buscando en la escasa luz una respuesta; cuando la bajó estaba solo frente a la mancha roja del desierto. El dragón había desaparecido con la noche. El viento borraba las huellas en la arena. Noé vio la sombre que se perdía detrás de las dunas cuando comenzaban a brillar las primeras estrellas.

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