sábado, 28 de abril de 2012

Niño


   Yo lloro porque no tengo lágrimas que dar. Yo lloro porque no tengo porque llorar, yo lloro porque no existen tales cosas como la madurez o la dicha, a lo largo de mi corta existencia no puedo pasar el hecho que todo se está acabando, toda mi vida se cae a pedazos.
Mis amigos se alejan, mis bandas se separan, mis artistas se mueren, mis libros se ahogan en polvo y mi familia...bueno nunca estuve apegado a tal palabra, ya no me está quedando nada y en lo único que está pensando mi cerebro es en la cantidad enorme de alcohol que debería estar recibiendo para asi pasar la pena, esto se llama crecer.

   Es difícil discutir cuando cada vez me siento más estúpido, mis palabras no se terminan y se vuelven tartamudeos, mi perfecta gramática se arruina cada día en cuadernos, todo se me cae en pedazos, no dejo de pensar en tirarme al abismo, sea cual sea, no dejo de pensar en si debo tirarme a la corriente y dejarme ir por ella, sin importar adonde me lleva, tengo la madures emocional de un niño de trece años, pero ser un sujeto miserable de 22 es casi imposible para mí, me detesto profundamente, muchas veces me he lastimado la mano golpeando los muros, muros de concreto, ladrillo, carne y hueso.

   Mis principios se hunden en los pantanos de la realidad, mis concepciones de lo correcto y lo incorrecto se desvanecen en la corrupción, no dejo de pasar un momento en silencio sin que pueda dejar de hablar con el techo, no pasa un minuto y no dejo de escribirte a ti, ni de hablar con la pantalla mientras tarareo Snow Patrol, no dejo de pensar que hoy es mi cumpleaños, hoy es mi puto cumpleaños, ayer también, mañana lo celebrare de nuevo entre ron y montones de ratas en el patio de la casa.

   He descubierto un lugar desde el que todas las cosas se ven más grandes, se ven enormes, el mundo no tiene fin, una esfera a la que no llegas a ningún horizonte, he! terminare drogado y borracho en un callejón en un ciudad de este continente olvidado por dios, esto explica porque no puedo dominar mi sueño, quiero seguir escribiendo estupideces, hasta que finalmente mi famélico cuerpo, cuarteado tras semanas de escribir, desfallezca, finalmente, devolviendo la energía que preste cuando en algún momento atrás pedí nacer, solo para saber que era.

   ¿Sabes que de verdad odio? que en mi madurez mental de niño de 13 años he descubierto que en algún momento me hicieron tocar la misma cuerda una y otra vez, un solo acorde, asegurándome que eso era la vida, al rechazar tan horrible concepto, me volví el hazmerreír del mundo, me volví el niño que el mundo desprecia porque no quiere usar ese traje que se llama madurar, me volví un sujeto que la gente detesta porque le interesa más leer a Nietzsche junto con Gabriel Tórreles, combinados con la fantasía punk de Grant Morrison y la cruel juventud de Brian O`malley, que ver a veintidós hijos de puta detrás de un balón tratar de ganarse millones de dólares mientras en África millones más mueren de hambre.
De un niño a un lector te diré un secreto, la vida no tiene más sentido que este escrito.



La Mosca Filomena

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